El hecho ha quedado inadvertido en medio del tráfago de noticias internacionales, pero Masuma Al Mubarak (57 años), juramentó el martes pasado como ministra de Planificación y Desarrollo Administrativo y se convirtió a la vez en la primera mujer en ocupar un cargo en el Ejecutivo en este pequeño y tradicional emirato del Golfo Pérsico, famoso por su producción petrolera y haber sido invadido por tropas iraquíes bajo órdenes de Sadam Hussein y liberado luego en la primera Guerra del Golfo.
El pasado 16 de mayo, el Parlamento kuwaití aprobó una ley que otorga a la mujer igualdad en sus derechos políticos con el hombre, y la familia Al Sabah, gobernante en Kuwait, quiso ponerla de inmediato en práctica. Hay que decir que la cosa no fue fácil, pues durante año y medio los diputados islamistas bloquearon la votación de la ley y luego protestaron por el nombramiento a los gritos de "el Islam lo prohíbe".
Este argumento es reiterativo en las otras monarquías árabes, que imponen a la mujer reglas mucho más estrictas, como la de ir acompañadas de un familiar o de un tutor en los lugares públicos, no dar el mismo valor judicial a un testimonio femenino que a uno masculino, negarles el derecho a voto, a poder conducir un vehículo o viajar solas y, por cierto, la obligación de cubrirse el rostro con un velo. De ahí que no pueda extrañar la ausencia de la mujer en la vida política, aún en los casos en que las trabas legales han quedado de lado. En Omán hay dos diputadas, en Yemen una y en los demás países del Golfo ninguna. Para las versiones extremas del Islam, la mujer es un "tesoro sagrado" que "debe ser protegido". Pero son cada vez más las propias mujeres musulmanas las que denuncian esta interpretación patriarcal y exigen igualdad de derechos. El Islam, aseguran, debe ser un arma de cambio.
Por eso revaloran a Jadiya, poderosa mujer de negocios en La Meca y primera esposa de Mahoma, a quien el profeta acudía a pedir consejo. Por desgracia, las escuelas de interpretación del Islam son masculinas. Pero, pese a todo, se han impuesto algunos cambios. Omán otorgó a la mujer el derecho de votar en 1997 y en Qatar se ha nombrado por primera vez a una mujer ministra de Educación en 2003. En Bahrein, el monarca creó en 2001 el Consejo Supremo de Mujeres y hay dos ministras. Hay una en los Emiratos Árabes Unidos y ninguna en Arabia Saudita.
Estos cambios van de la mano con la igualdad en la educación. En Bahrein, Kuwait, Qatar y los Emiratos, la tasa de alfabetización femenina supera el 80%; en Arabia Saudí y Omán sólo es del 65%. Pero cada vez es más frecuente el caso de mujeres profesionales: educadoras, abogadas o empresarias. En la propia Arabia Saudí, sus ocho millones de mujeres -sobre una población de 17 millones- poseen el 70% del ahorro nacional. A pesar de las fuerzas retardatarias del Islam tradicionalista, las mujeres avanzan.
En: La República. Lima, 25 junio 2005. p.25
CENDOC-MUJER - LIMA-PERU
CAMPAÑAS DE DIFUSIÓN: N ° 7 - Lima, 19 de julio del 2005